El término (que en griego significa "sabor") desempeña un papel importante en la evaluación y apreciación del vino. El vino contiene muchos cientos de sustancias aromáticas en una proporción de 0,8 a 1,2 gramos por litro. Pueden determinarse en el laboratorio mediante cromatografía. En general, se entiende por aroma el olor de un vino, también conocido poéticamente como "nariz". El aroma se percibe por el olfato (nariz) y no por el gusto (paladar, lengua), pero junto con el sabor forma una impresión global al beber vino.

Un vino puede contener notas especiadas (1), tonos afrutados (2) y aromas florales (3), que conforman el sabor (4). Existen tres etapas de desarrollo; esta división tripartita está ampliamente reconocida entre los expertos. Las uvas sin prensar contienen la mayor parte de las sustancias aromatizantes en forma de glucósidos (compuestos azucarados). Sin embargo, siguen siendo insípidos e inodoros y sólo se desarrollan mediante la fermentación y el envejecimiento en botella. Por eso se denominan precursores del aroma. Pueden medirse en la uva mediante un ensayo de glucosil-glucosa.
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Hay un gran número de fuentes en la web donde se pueden adquirir conocimientos sobre el vino. Pero ninguno tiene el alcance, la actualidad y la precisión de la información de la enciclopedia en wein.plus. Lo uso regularmente y confío en él.
Sigi Hiss
freier Autor und Weinberater (Fine, Vinum u.a.), Bad Krozingen