Esta técnica de fermentación es el método más antiguo y, aún hoy, el más habitual en la elaboración del vino tinto. Por lo general, primero se lleva a cabo el despalillado, para separar las bayas de los tallos de la uva. Las bayas se aplastan para que salga su mosto. En los países del sur sigue siendo habitual pisarlas con los pies descalzos para romperlas de forma suave. A esta mezcla de mosto y pulpa se le llama mosto.
La cuestión de la fermentación controlada o espontánea tiene mucha menos importancia que en el vino blanco, ya que a la mosto llegan muchas más levaduras naturales del viñedo junto con las pieles. Esto significa que también con levaduras naturales es posible lograr una buena fermentación (completa) sin problemas. La tendencia actual se orienta hacia la obtención de un vino tinto de color rojo oscuro, rico en pigmentos, con taninos lo más armoniosos posible.
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Thomas Götz
Weinberater, Weinblogger und Journalist; Schwendi